Acostumbrarse a algo o a alguien muchas veces nos hace dependientes. No a todo el mundo, por supuesto, hablo siempre desde mi experiencia. Esa dependencia me hace mendiga. Mientras escribo esto de "mendigar" no puedo creer que realmente lo sea. Ser mendigo es lo más triste del mundo: soy como un personaje de algún libro de Charles Dickens, extendiendo la mano y pidiendo una moneda, pero en realidad lo que estoy pidiendo es un poco de atención, una sonrisa, una voz.
Cuando escribí hace poco lo del cambio de 180º nunca me imaginé que no iba a hacer nada de lo que había escrito ahí. He hecho algunos cambios relacionados con mi autoestima, algunos difíciles, en otros las modificaciones son sutiles o se ven poco, o se ven por un rato y luego desaparecen para volver a mostrarse después. Pero hay otras cosas que iba a hacer que aún no hice... Y creo que todo lo contrario: fui para atrás. Porque mendigar amor es lo peor que le puede pasar a una persona.
¿Cómo continuar? ¿Cómo revertir esto? No lo sé. Quiero apretar un botón que borre todo lo que ha pasado en los últimos días y ese botón no existe. Lo bueno es que, eventualmente, alguna lección aprenderé. Será cuestión de esperar.
Pasados los 40 y sigo siendo la misma boba de siempre, creyendo en todo. ¿Y vos?
domingo, 21 de septiembre de 2014
La agonía y el éxtasis
Pasa el tiempo y me convenzo que, en las cuestiones del amor, no aprendí nada. Y en las cuestiones personales, tampoco. ¿Cómo es que puedo llegar a depender de otra persona para ser feliz? ¿Para vivir y para hacer lo que yo quiera? Es mentira lo del cambio de 180º, sigo siendo la misma boba de siempre que cree en el amor, que cree en las palabras, que cree en las personas. Si realmente quisiera hacer ese cambio, no me importaría nada, pero nada. Porque convengamos que los demás hacen cosas y no se detienen a pensar en qué voy a sentir... Todos hacemos cosas un poco egoístamente, claro, no soy la excepción.
Cuando era más chica sufrí mucho por amor, pero mucho. No voy a dar detalles acá porque sería eteeeerno... Y hace más de 16 años que no lloro por amor. Y hoy, 21 de septiembre de 2014, estoy llorando por amor y no lo puedo creer. No lamento nada de lo que dí, nada; lo volvería a dar aunque me deje este hueco acá en el pecho que parece imposible de llenar. Lo único que lamento es lo que escribí al principio, esto de no haber aprendido nada. Y lo peor de todo es saber, en lo más íntimo, que es poco probable que aprenda algo. Soy así, me enamoro, entrego mi corazón y después, veo que me lo devuelven hecho un bollito.
Cuando era más chica sufrí mucho por amor, pero mucho. No voy a dar detalles acá porque sería eteeeerno... Y hace más de 16 años que no lloro por amor. Y hoy, 21 de septiembre de 2014, estoy llorando por amor y no lo puedo creer. No lamento nada de lo que dí, nada; lo volvería a dar aunque me deje este hueco acá en el pecho que parece imposible de llenar. Lo único que lamento es lo que escribí al principio, esto de no haber aprendido nada. Y lo peor de todo es saber, en lo más íntimo, que es poco probable que aprenda algo. Soy así, me enamoro, entrego mi corazón y después, veo que me lo devuelven hecho un bollito.
martes, 12 de agosto de 2014
Dile que sí
Escribió Gabriel García Márquez:
"Dile que sí, aunque te estés muriendo de miedo, aunque después te arrepientas, porque de todos modos te vas a arrepentir toda la vida si le contestas que no."
Qué buena frase, ¿no? Cuántos de nosotros habremos dicho que no por miedo, o lo seguimos haciendo. En mi caso la mayoría de mis "no" fueron cuando salía de la adolescencia y entraba en la primera juventud; ahora estoy más con el "sí" pero a veces encuentro resistencias externas, relacionadas con el otro que no está acostumbrado a tanta afirmación junta.
Creo firmemente que, a esta edad, estoy en un punto en la vida en que no puedo darme el lujo de perder el tiempo. Es más, tengo la obligación de no perderlo. No porque me vaya a morir mañana ni mucho menos, no, si no porque desaprovechar las oportunidades, no arriesgarme, frenar mis impulsos por miedo, son maneras de durar en lugar de vivir.
Esta hermosa afirmación va de la mano con la pregunta obligada: "¿Y qué esperás para hacer lo que realmente querés?" No lo sé: cuando estoy por apretar el acelerador, se activa mi cobertura de seguros contra terceros y veo que puedo lastimar a otros. Y un sentimiento de empatía me embarga y voy bajando la velocidad hasta detenerme... En este proceso me invade la tristeza y la seguridad de que decir que sí, para mí, no es fácil: una contradicción más en la historia de mi vida.
¡Salud!
"Dile que sí, aunque te estés muriendo de miedo, aunque después te arrepientas, porque de todos modos te vas a arrepentir toda la vida si le contestas que no."
Qué buena frase, ¿no? Cuántos de nosotros habremos dicho que no por miedo, o lo seguimos haciendo. En mi caso la mayoría de mis "no" fueron cuando salía de la adolescencia y entraba en la primera juventud; ahora estoy más con el "sí" pero a veces encuentro resistencias externas, relacionadas con el otro que no está acostumbrado a tanta afirmación junta.
Creo firmemente que, a esta edad, estoy en un punto en la vida en que no puedo darme el lujo de perder el tiempo. Es más, tengo la obligación de no perderlo. No porque me vaya a morir mañana ni mucho menos, no, si no porque desaprovechar las oportunidades, no arriesgarme, frenar mis impulsos por miedo, son maneras de durar en lugar de vivir.
Esta hermosa afirmación va de la mano con la pregunta obligada: "¿Y qué esperás para hacer lo que realmente querés?" No lo sé: cuando estoy por apretar el acelerador, se activa mi cobertura de seguros contra terceros y veo que puedo lastimar a otros. Y un sentimiento de empatía me embarga y voy bajando la velocidad hasta detenerme... En este proceso me invade la tristeza y la seguridad de que decir que sí, para mí, no es fácil: una contradicción más en la historia de mi vida.
¡Salud!
viernes, 11 de julio de 2014
Tres al hilo
En un año murieron tres personas allegadas a mí: mi amigo Eduardo fue el primero, el 25 de junio de 2013, con tan sólo 48 años... Luego Karina, el 23 de diciembre de ese año, la esposa de mi amigo Pablo, también joven, 42 años. El 10 de julio de este 2014 murió Humberto, mi suegro, con 82. Los tres murieron de esa enfermedad que tanto tememos y tanto desconocemos: cáncer.
Pero no quiero hablar de enfermedad ni de muerte, quiero hablar de la vida. El otro día escribí en un mail que soy una resiliente y realmente lo soy, me felicito por haber logrado lo que logré y por tener, en esta vida, salud, amor, familia y amigos. Y es la partida de los seres queridos la que me ha puesto en perspectiva la importancia de vivir y de disfrutar, sinceramente, las cosas de todos los días.
También me ha hecho pensar en esas otras cosas, las que siempre postergo para "cuando tenga tiempo" o para "cuando se alineen los planetas". ¿Para qué esperar? ¿Y por qué? ¿Miedo a qué tengo que no puedo hacer eso que realmente quiero? Quizás Eduardo o Karina pospusieron cosas que después nunca pudieron llevar a cabo... No me refiero acá a Humberto porque tenía 82 años y vivió bien, pero ¿los otros? ¿Que tenían la famosa "vida por delante"? Yo tengo mi vida esperando acá, ni adelante, ni detrás de mí, acá: está en este momento conmigo, lista para ser exprimida hasta la última gota.
Creo que esta mitad del año será testigo de un cambio de 180º en mi vida. Es hora de disfrutar.
Besos para todxs.
Pero no quiero hablar de enfermedad ni de muerte, quiero hablar de la vida. El otro día escribí en un mail que soy una resiliente y realmente lo soy, me felicito por haber logrado lo que logré y por tener, en esta vida, salud, amor, familia y amigos. Y es la partida de los seres queridos la que me ha puesto en perspectiva la importancia de vivir y de disfrutar, sinceramente, las cosas de todos los días.
También me ha hecho pensar en esas otras cosas, las que siempre postergo para "cuando tenga tiempo" o para "cuando se alineen los planetas". ¿Para qué esperar? ¿Y por qué? ¿Miedo a qué tengo que no puedo hacer eso que realmente quiero? Quizás Eduardo o Karina pospusieron cosas que después nunca pudieron llevar a cabo... No me refiero acá a Humberto porque tenía 82 años y vivió bien, pero ¿los otros? ¿Que tenían la famosa "vida por delante"? Yo tengo mi vida esperando acá, ni adelante, ni detrás de mí, acá: está en este momento conmigo, lista para ser exprimida hasta la última gota.
Creo que esta mitad del año será testigo de un cambio de 180º en mi vida. Es hora de disfrutar.
Besos para todxs.
jueves, 5 de diciembre de 2013
Todos los Gol no tienen la misma llave
El lunes salí de la clase de repostería a las 21 hs., una hora
antes de lo habitual. Me dirigí hacia donde había dejado mi auto
estacionado, a unos 60 metros del lugar, y advertí una sombra dentro del
vehículo. De
lejos visualicé la patente: era la mía. Levanté la vista y ahí estaba
el hombre, dentro de mi tutú, levantando las cosas que había ahí dentro.
Caminé hacia él y al grito de "¿Qué hacés?" el hombre se apeó y
balbuceó: "¿Cómo? ¿Este no es mi auto? ¡No! Es el de más allá, perdón,
me equivoqué, no me llevé nada" y yo quedé contemplando cómo se alejaba,
caminando, con un morral y preguntándome cómo era posible que VW haga
la misma llave para todos los Gol. Con el corazón palpitante me senté en
el asiento del conductor y noté que faltaba el estéreo y que los lentes
de sol que tanto me habían costado conseguir tampoco estaban.
Creo que no pude haber sido más inocentona... 38 años de
vida en una ciudad de cemento y llena de episodios de inseguridad y lo
primero que me viene a la mente es creerle al infeliz que había osado
meterse en un auto en el que ando con mi hijo. A los pocos minutos me
sentí una idiota y repasé todas las respuestas y todas las acciones que
podría haber tomado en lugar de haberme quedado ahí, estupefacta. La gente me dice "Podría haber sido peor", "La sacaste barata", bla bla bla. Yo
lo único que pienso es en mi credulidad y en mi falta de reacción. Ahora
ando en un auto que no puedo cerrar (hasta mañana viernes en el que
haré el cambio de cerradura) y canto para acompañarme en el viaje.
¿Y ustedes? ¿Qué hubieran hecho en mi lugar?
viernes, 15 de noviembre de 2013
Sì!!!
Sì en italiano, sí en español, sí en todos los
idiomas. Pero gracias al sì en italiano ayer fui al cine a ver "Blue
Jasmine" invitada por Aninka Tokos del blog "Desde el vestidor" y
L'Oréal: juntos hicieron un concurso con la consigna "¿A qué le dijiste
Sì durante este año?" donde las mejores respuestas recibirían de premio
la nueva fragancia de Giorgio Armani y dos entradas para ver la película
en la sala premium del Hoyts en Unicenter. Una de las respuestas
elegidas, claro está, fue la mía.
Más allá de la emoción por haber ganado y por todo el evento
en sí (todo organizado con mucho glamour y, a la vez, cierta
naturalidad) lo que más me alegró fue que mi respuesta fue elegida, no
sorteada. Es decir, el resultado no fue azaroso si no producto de un
esfuerzo de ambos lados: por mi parte, al momento de redactar la
respuesta, la pensé y le puse toda la intención, y por la otra parte,
leyeron todas las respuestas y seleccionaron aquellas que les resultaron
más conmovedoras."¡Le dije "Sí" a estudiar pastelería! Trabajo en un banco hace 20 años (sí, ¡20! Y tengo 38, empecé a trabajar ahí a los 18) y, aunque siempre he cambiado de sector, ¡nunca de rubro! Gracias al estudio me puse a escribir un blog de recetas e hice una paginita en FB y ya tengo más de 70 "Me gusta", ¡estoy muy contenta! En un par de semanas voy a hacer un sorteo de algo rico. Aún trabajo en el banco pero el gusto que me doy haciendo cosas dulces y viendo cómo los demás las disfrutan no tiene precio.
¡Le dije "Sí" a la vida sin anti-depresivos! Por motivos ajenos a esta pregunta, comencé a tomarlos hace seis años y ahora estoy libre de ellos, más de una vez lo había intentado sin éxito y esta vez ¡sí pude!
Con el tiempo me he dado cuenta que los "Sí" son los grandes generadores de cosas buenas (como esa película de Jim Carrey, ¿te acordás?) y que los no sólo nos retrasan... Es una cuestión de tiempo pero con paciencia y sin bajar los brazos podemos cambiar nuestros "no" por "Sí"."
martes, 10 de septiembre de 2013
Las chicas somos incomprensibles
Si hay algo que tenemos en común todas las mujeres es que no nos entendemos ni nosotras. Sin embargo, es más fácil explicar nuestros sentimientos a otras chicas porque es difícil que los hombres comprendan la magnitud de nuestro sentir. Y aún contando con el asentimiento de una amiga, muchas veces ni sabemos por qué nos sentimos como nos sentimos.
¿Por qué la desazón, la angustia, la molestia generalizada? ¿Por qué la ansiedad, el temor? La respuesta es que no hay respuesta. El porqué es algo que nunca comprenderemos ni antes, ni durante, ni después de la crisis o situación que sea. Lo que sea que nos suceda no tiene, por sí mismo, una causa lógica; más bien tendrá, eventualmente, una moraleja o una enseñanza.
Y aún sabiendo todo esto, nosotras las mujeres seguimos intentando explicar lo que nos pasa como para tenerlo controlado, como para tener la falsa ilusión de que todo lo que ocurre tiene una justificación. Por eso creo que no podemos explicar bien esto a los hombres: ellos, muchas veces, ni se preguntan por qué pasa lo que pasa, sólo ven si pueden hacer algo y listo. Y si nada pueden hacer no hay por qué preocuparse.
Me gustaría que no me importe. Me gustaría que las mujeres abandonemos nuestro afán de control. Me gustaría no intentar explicar cómo me siento si no aceptarlo y dejarlo pasar así no jode más. Trataré de poner en práctica esto. Ya les contaré cómo me va.
¿Por qué la desazón, la angustia, la molestia generalizada? ¿Por qué la ansiedad, el temor? La respuesta es que no hay respuesta. El porqué es algo que nunca comprenderemos ni antes, ni durante, ni después de la crisis o situación que sea. Lo que sea que nos suceda no tiene, por sí mismo, una causa lógica; más bien tendrá, eventualmente, una moraleja o una enseñanza.
Y aún sabiendo todo esto, nosotras las mujeres seguimos intentando explicar lo que nos pasa como para tenerlo controlado, como para tener la falsa ilusión de que todo lo que ocurre tiene una justificación. Por eso creo que no podemos explicar bien esto a los hombres: ellos, muchas veces, ni se preguntan por qué pasa lo que pasa, sólo ven si pueden hacer algo y listo. Y si nada pueden hacer no hay por qué preocuparse.
Me gustaría que no me importe. Me gustaría que las mujeres abandonemos nuestro afán de control. Me gustaría no intentar explicar cómo me siento si no aceptarlo y dejarlo pasar así no jode más. Trataré de poner en práctica esto. Ya les contaré cómo me va.
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