Esa frase trillada hoy se ha convertido en la verdad más absoluta. Mi amigo de hace más de 20 años, mi amigo a quien adoraba, mi amigo con quien sabía que podía contar aunque no lo viera, tomó una decisión. Es verdad que en un divorcio hay muchas cosas que se pierden, muchas personas que se esfuman, muchas relaciones que desaparecen... Pero él, a quien conozco desde mis 17 años, que se supone que me quería más a mí, que se supone que si tuviera que elegir lados debería elegir el mío, que se supone que debía escucharme primero a mí, que se supone que no debería necesitar escucharme ni preguntar qué pasó, sólo estar de mi parte porque me quiere... Él eligió a mi ex.
Este año han pasado muchas cosas, y siguen pasando se ve. Me he desilusionado de mucha gente, gente que he conocido por poco tiempo y, por eso, a pesar del dolor, eventualmente resultará fácil superarlo... Puede que esto sea un golpe a mi ego, lo acepto, pero no me parece justo. O quizás lo es, no lo sé.
Me siento para el traste hoy. Es probable que esté equivocada, es probable que así sean las cosas, que la gente en común quede un poco en el medio y no sepa para dónde correr, es probable que yo esté sensible y me sienta sola y que, en otro momento, esto sea una anécdota o una nota de color. Es probable que yo no haya crecido nunca y hoy me sienta así, desamparada, como hace unos días cuando recordé esa vez que los Reyes Magos no me vieron y me dejaron con la mano extendida, esperando que me den un caramelo. Es probable que yo, con mis 41 años, hoy siga esperando con la mano extendida que me den algo que nadie me tiene que dar, igual que cuando tenía 6 años.
Pasados los 40 y sigo siendo la misma boba de siempre, creyendo en todo. ¿Y vos?
martes, 22 de noviembre de 2016
domingo, 21 de agosto de 2016
Ray Bradbury tenía razón
Uno de los cuentos que más me impactó de "Crónicas Marcianas" fue "Los pueblos silenciosos": el protagonista, solo en una ciudad abandonada, se contacta por teléfono con una mujer y, desesperado por compañía, toma el auto y corre a encontrarse con ella. Pero cuando la ve se desilusiona: no es lo que esperaba y escapa, prefiriendo la soledad.
Un poco así funcionan las citas "casi" a ciegas; digo "casi" porque a pesar de ver las fotos del otro y sentir que el chat te acerca un poco su personalidad, todo puede cambiar una vez que se produce el encuentro. Ya de por sí los encuentros son escasos: funcionando al 100% el benching, la posibilidad de verte en la vida real con el candidato es muy baja. ¿Y si sucede? Puede pasar lo del protagonista del cuento en ambos sentidos: él o yo podemos desilusionarnos y querer salir corriendo pero no lo hacemos, tomamos un café y rápidamente terminamos la reunión.
¿Y después? Después no nos contactamos más y, si por casualidad él quedó enganchado con nosotras, sutilmente le hacemos saber que no nos pasó lo mismo. Lo peor que puede pasar es que nosotras nos hayamos enganchado y él no: aquí se presenta el problema porque el hombre no será claro y dará mil vueltas y, por no perdernos (porque no le interesamos pero nos quieren tener igual ahí, pendientes) nos escribirá de vez en cuando, propondrá salidas que luego cancelará y nos dejará plantadas.
¿Qué hacer? No lo sé. Volver a leer "Crónicas Marcianas" quizás es una buena opción.
Un poco así funcionan las citas "casi" a ciegas; digo "casi" porque a pesar de ver las fotos del otro y sentir que el chat te acerca un poco su personalidad, todo puede cambiar una vez que se produce el encuentro. Ya de por sí los encuentros son escasos: funcionando al 100% el benching, la posibilidad de verte en la vida real con el candidato es muy baja. ¿Y si sucede? Puede pasar lo del protagonista del cuento en ambos sentidos: él o yo podemos desilusionarnos y querer salir corriendo pero no lo hacemos, tomamos un café y rápidamente terminamos la reunión.
¿Y después? Después no nos contactamos más y, si por casualidad él quedó enganchado con nosotras, sutilmente le hacemos saber que no nos pasó lo mismo. Lo peor que puede pasar es que nosotras nos hayamos enganchado y él no: aquí se presenta el problema porque el hombre no será claro y dará mil vueltas y, por no perdernos (porque no le interesamos pero nos quieren tener igual ahí, pendientes) nos escribirá de vez en cuando, propondrá salidas que luego cancelará y nos dejará plantadas.
¿Qué hacer? No lo sé. Volver a leer "Crónicas Marcianas" quizás es una buena opción.
viernes, 19 de agosto de 2016
Siempre lo mismo
Imposible dominarlas. Las expectativas tienen vida propia: nacen y se reproducen con una rapidez que no se puede medir con ningún cronómetro. Siempre digo que no las voy a tener y, sin embargo, las tengo. No importa si son pocas o muchas porque no alcanzarlas duele igual.
¡Qué fácil sería todo si pudiera quitarles el poder que tienen sobre mí! He intentado hacerlo, lo juro, sin éxito. ¿Y cómo se hace eso? ¿Alguien sabe?
¡Qué fácil sería todo si pudiera quitarles el poder que tienen sobre mí! He intentado hacerlo, lo juro, sin éxito. ¿Y cómo se hace eso? ¿Alguien sabe?
sábado, 6 de agosto de 2016
El Facebook no es quién soy
El otro día, en el chat, un hombre (porque ya no dá decir "un flaco", tengo más de 40 y los hombres también, ¡por favor!) me pidió mi Facebook porque dijo que, viéndolo, se podía dar una idea de quién era yo. Se lo dí, obviamente, no tengo nada que ocultar (salvo esas fotos de hace más de 5 años donde juro que ¡¡¡NO ERA YO!!!).
Darle ese dato me hizo pensar en qué bobada más grande es el Facebook y, por extensión, cualquier otra aplicación donde mostremos, selectivamente, quiénes somos a los demás.
¿Quién puede creer que esas fotos que subí (que previamente elegí A CONCIENCIA) y que esas frases que publiqué muestran mi ser más profundo? Sí son una parte de mí, es más, no hay photoshop en ninguna foto ni hay hipocresía en las frases. Pero es sólo eso, una pequeña muestra. Mi alma es extensa e insondable, y mi cuerpo también.
Darle ese dato me hizo pensar en qué bobada más grande es el Facebook y, por extensión, cualquier otra aplicación donde mostremos, selectivamente, quiénes somos a los demás.
¿Quién puede creer que esas fotos que subí (que previamente elegí A CONCIENCIA) y que esas frases que publiqué muestran mi ser más profundo? Sí son una parte de mí, es más, no hay photoshop en ninguna foto ni hay hipocresía en las frases. Pero es sólo eso, una pequeña muestra. Mi alma es extensa e insondable, y mi cuerpo también.
lunes, 25 de julio de 2016
El que espera, desespera. Segunda parte.
El que espera, desespera. Siempre es igual. Ya lo escribí hace mil años y vuelve a suceder lo mismo. Mi vida es un continuo "loop", donde sigo haciendo lo que afirmé que nunca volvería a hacer.
Vivir es aprender, sí, pero a mí me cuesta que ese aprendizaje realmente se haga carne. Me cuesta mucho. Sigo apostando, sigo esperando, sigo pensando, sigo creyendo. Creo TODO lo que dicen los hombres: creo si me dicen que me llamarán, creo si me dicen que me escribirán, creo si me dicen que les gusto. También creo todo lo que me dicen las mujeres pero, en ese sentido, somos literales: si decimos que haremos algo, en un 99% lo haremos (dejo ese 1% porque siempre puede pasar algo realmente grave que nos impida cumplir).
¿Cómo hago para dejar de creer? ¿Para no tener expectativas? ¿Para tomar naturalmente un "obvio que te llamo" y no darle ningún poder sobre mí y mis emociones? ¿Hay alguna receta?
Quizás el único secreto es nacer hombre.
Vivir es aprender, sí, pero a mí me cuesta que ese aprendizaje realmente se haga carne. Me cuesta mucho. Sigo apostando, sigo esperando, sigo pensando, sigo creyendo. Creo TODO lo que dicen los hombres: creo si me dicen que me llamarán, creo si me dicen que me escribirán, creo si me dicen que les gusto. También creo todo lo que me dicen las mujeres pero, en ese sentido, somos literales: si decimos que haremos algo, en un 99% lo haremos (dejo ese 1% porque siempre puede pasar algo realmente grave que nos impida cumplir).
¿Cómo hago para dejar de creer? ¿Para no tener expectativas? ¿Para tomar naturalmente un "obvio que te llamo" y no darle ningún poder sobre mí y mis emociones? ¿Hay alguna receta?
Quizás el único secreto es nacer hombre.
miércoles, 20 de julio de 2016
Los sueños, ¿cumplen los deseos?
Sin embargo, no es suficiente haberlo “soñado”, por más “real” que se haya sentido. Ayuda a apaciguar la mente, a relajar el espíritu, a empezar el día con la esperanza de que sí puede ser, de que se puede cumplir, de que no es inasible. Esto dura más o menos 24 hs.; pasado este tiempo el círculo se cierra y volvemos al punto cero, allí donde todavía no existió en el plano material aquello que el plano etéreo se atrevió a desarrollar.
Por esto pienso que los sueños, aunque aparentemente cumplen los deseos, son su pálida proyección. Sólo logran retrasar la frustración del deseo incesante por obtener aquello que, a pesar de todo, estoy destinada a querer.
Las desilusiones
Las desilusiones son las madres de la inspiración, creo; al menos es así en mi caso. Y son tantas que, para el día de la Madre, se arma un revuelo bárbaro porque todas quieren ser visitadas primero. Tomar la decisión es lo más difícil; últimamente lo hemos logrado resolver de una manera no muy feliz pero, no por eso, menos efectiva: hacemos un sorteo. Como entre ellas desconfían hasta de la legitimidad del azar, tengo que llamar a algún amigo o familiar para que sea testigo (una vez intentamos contratar un escribano público pero sus honorarios eran siderales, y además consideró inútil certificar el proceso cuando vio que las protagonistas eran ellas: "Siempre encontrarán algo que objetar", sentenció).
Es verdad que hay muchas personas que se inspiran en lo más lindo de la vida pero yo lo he intentado y no he logrado escribir más que cursilerías o clichés, ¿será que me hecho adulta? Es por esto que, aunque no me gusta aceptarlo, agradezco a las desilusiones por ser las que me ayudan a escribir, por ser las disparadoras de estos textos que, a veces, son las vías para descargar las penas y hacerlas más llevaderas.
Igual me gustaría que no sigan visitándome más. Chicas: son libres.
Es verdad que hay muchas personas que se inspiran en lo más lindo de la vida pero yo lo he intentado y no he logrado escribir más que cursilerías o clichés, ¿será que me hecho adulta? Es por esto que, aunque no me gusta aceptarlo, agradezco a las desilusiones por ser las que me ayudan a escribir, por ser las disparadoras de estos textos que, a veces, son las vías para descargar las penas y hacerlas más llevaderas.
Igual me gustaría que no sigan visitándome más. Chicas: son libres.
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