martes, 12 de agosto de 2014

Dile que sí

Escribió Gabriel García Márquez:

"Dile que sí, aunque te estés muriendo de miedo, aunque después te arrepientas, porque de todos modos te vas a arrepentir toda la vida si le contestas que no."

Qué buena frase, ¿no? Cuántos de nosotros habremos dicho que no por miedo, o lo seguimos haciendo. En mi caso la mayoría de mis "no" fueron cuando salía de la adolescencia y entraba en la primera juventud; ahora estoy más con el "sí" pero a veces encuentro resistencias externas, relacionadas con el otro que no está acostumbrado a tanta afirmación junta.

Creo firmemente que, a esta edad, estoy en un punto en la vida en que no puedo darme el lujo de perder el tiempo. Es más, tengo la obligación de no perderlo. No porque me vaya a morir mañana ni mucho menos, no, si no porque desaprovechar las oportunidades, no arriesgarme, frenar mis impulsos por miedo, son maneras de durar en lugar de vivir.

Esta hermosa afirmación va de la mano con la pregunta obligada: "¿Y qué esperás para hacer lo que realmente querés?" No lo sé: cuando estoy por apretar el acelerador, se activa mi cobertura de seguros contra terceros y veo que puedo lastimar a otros. Y un sentimiento de empatía me embarga y voy bajando la velocidad hasta detenerme... En este proceso me invade la tristeza y la seguridad de que decir que sí, para mí, no es fácil: una contradicción más en la historia de mi vida.

¡Salud!

viernes, 11 de julio de 2014

Tres al hilo

En un año murieron tres personas allegadas a mí: mi amigo Eduardo fue el primero, el 25 de junio de 2013, con tan sólo 48 años... Luego Karina, el 23 de diciembre de ese año, la esposa de mi amigo Pablo, también joven, 42 años. El 10 de julio de este 2014 murió Humberto, mi suegro, con 82. Los tres murieron de esa enfermedad que tanto tememos y tanto desconocemos: cáncer.

Pero no quiero hablar de enfermedad ni de muerte, quiero hablar de la vida. El otro día escribí en un mail que soy una resiliente y realmente lo soy, me felicito por haber logrado lo que logré y por tener, en esta vida, salud, amor, familia y amigos. Y es la partida de los seres queridos la que me ha puesto en perspectiva la importancia de vivir y de disfrutar, sinceramente, las cosas de todos los días.

También me ha hecho pensar en esas otras cosas, las que siempre postergo para "cuando tenga tiempo" o para "cuando se alineen los planetas". ¿Para qué esperar? ¿Y por qué? ¿Miedo a qué tengo que no puedo hacer eso que realmente quiero? Quizás Eduardo o Karina pospusieron cosas que después nunca pudieron llevar a cabo... No me refiero acá a Humberto porque tenía 82 años y vivió bien, pero ¿los otros? ¿Que tenían la famosa "vida por delante"? Yo tengo mi vida esperando acá, ni adelante, ni detrás de mí, acá: está en este momento conmigo, lista para ser exprimida hasta la última gota.

Creo que esta mitad del año será testigo de un cambio de 180º en mi vida. Es hora de disfrutar.

Besos para todxs.

jueves, 5 de diciembre de 2013

Todos los Gol no tienen la misma llave

El lunes salí de la clase de repostería a las 21 hs., una hora antes de lo habitual. Me dirigí hacia donde había dejado mi auto estacionado, a unos 60 metros del lugar, y advertí una sombra dentro del vehículo. De lejos visualicé la patente: era la mía. Levanté la vista y ahí estaba el hombre, dentro de mi tutú, levantando las cosas que había ahí dentro. Caminé hacia él y al grito de "¿Qué hacés?" el hombre se apeó y balbuceó: "¿Cómo? ¿Este no es mi auto? ¡No! Es el de más allá, perdón, me equivoqué, no me llevé nada" y yo quedé contemplando cómo se alejaba, caminando, con un morral y preguntándome cómo era posible que VW haga la misma llave para todos los Gol. Con el corazón palpitante me senté en el asiento del conductor y noté que faltaba el estéreo y que los lentes de sol que tanto me habían costado conseguir tampoco estaban.

Creo que no pude haber sido más inocentona... 38 años de vida en una ciudad de cemento y llena de episodios de inseguridad y lo primero que me viene a la mente es creerle al infeliz que había osado meterse en un auto en el que ando con mi hijo. A los pocos minutos me sentí una idiota y repasé todas las respuestas y todas las acciones que podría haber tomado en lugar de haberme quedado ahí, estupefacta. La gente me dice "Podría haber sido peor", "La sacaste barata", bla bla bla. Yo lo único que pienso es en mi credulidad y en mi falta de reacción. Ahora ando en un auto que no puedo cerrar (hasta mañana viernes en el que haré el cambio de cerradura) y canto para acompañarme en el viaje.
¿Y ustedes? ¿Qué hubieran hecho en mi lugar?

viernes, 15 de noviembre de 2013

Sì!!!

Sì en italiano, sí en español, sí en todos los idiomas. Pero gracias al sì en italiano ayer fui al cine a ver "Blue Jasmine" invitada por Aninka Tokos del blog "Desde el vestidor" y L'Oréal: juntos hicieron un concurso con la consigna "¿A qué le dijiste Sì durante este año?" donde las mejores respuestas recibirían de premio la nueva fragancia de Giorgio Armani y dos entradas para ver la película en la sala premium del Hoyts en Unicenter. Una de las respuestas elegidas, claro está, fue la mía.
Más allá de la emoción por haber ganado y por todo el evento en sí (todo organizado con mucho glamour y, a la vez, cierta naturalidad) lo que más me alegró fue que mi respuesta fue elegida, no sorteada. Es decir, el resultado no fue azaroso si no producto de un esfuerzo de ambos lados: por mi parte, al momento de redactar la respuesta, la pensé y le puse toda la intención, y por la otra parte, leyeron todas las respuestas y seleccionaron aquellas que les resultaron más conmovedoras.
¿Quieren saber cuál fue mi respuesta? Acá va:

"¡Le dije "Sí" a estudiar pastelería! Trabajo en un banco hace 20 años (sí, ¡20! Y tengo 38, empecé a trabajar ahí a los 18) y, aunque siempre he cambiado de sector, ¡nunca de rubro! Gracias al estudio me puse a escribir un blog de recetas e hice una paginita en FB y ya tengo más de 70 "Me gusta", ¡estoy muy contenta! En un par de semanas voy a hacer un sorteo de algo rico. Aún trabajo en el banco pero el gusto que me doy haciendo cosas dulces y viendo cómo los demás las disfrutan no tiene precio.

¡Le dije "Sí" a la vida sin anti-depresivos! Por motivos ajenos a esta pregunta, comencé a tomarlos hace seis años y ahora estoy libre de ellos, más de una vez lo había intentado sin éxito y esta vez ¡sí pude!

Con el tiempo me he dado cuenta que los "Sí" son los grandes generadores de cosas buenas (como esa película de Jim Carrey, ¿te acordás?) y que los no sólo nos retrasan... Es una cuestión de tiempo pero con paciencia y sin bajar los brazos podemos cambiar nuestros "no" por "Sí"."

Como conclusión de esta experiencia creo que ser agradecidos con la vida y afirmar en lugar de negar (tampoco vivir en babia, sino con los pies en la tierra pero no tan arraigados que no nos permita viajar y soltar, que en mi caso es lo más difícil) son pilares para ser felices, o al menos para ser más libres y no estar atados a los miedos y a las inseguridades.

Hace mucho tiempo escribí una lista de personas y cosas a las que debía agradecer; creo que, de vez en cuando, está bueno volver a leerla. Sì o sí a esa lista que, en los momentos más difíciles, es capaz de sacar a un camión del lodo.

Besos para todxs.

martes, 10 de septiembre de 2013

Las chicas somos incomprensibles

Si hay algo que tenemos en común todas las mujeres es que no nos entendemos ni nosotras. Sin embargo, es más fácil explicar nuestros sentimientos a otras chicas porque es difícil que los hombres comprendan la magnitud de nuestro sentir. Y aún contando con el asentimiento de una amiga, muchas veces ni sabemos por qué nos sentimos como nos sentimos.

¿Por qué la desazón, la angustia, la molestia generalizada? ¿Por qué la ansiedad, el temor? La respuesta es que no hay respuesta. El porqué es algo que nunca comprenderemos ni antes, ni durante, ni después de la crisis o situación que sea. Lo que sea que nos suceda no tiene, por sí mismo, una causa lógica; más bien tendrá, eventualmente, una moraleja o una enseñanza.

Y aún sabiendo todo esto, nosotras las mujeres seguimos intentando explicar lo que nos pasa como para tenerlo controlado, como para tener la falsa ilusión de que todo lo que ocurre tiene una justificación. Por eso creo que no podemos explicar bien esto a los hombres: ellos, muchas veces, ni se preguntan por qué pasa lo que pasa, sólo ven si pueden hacer algo y listo. Y si nada pueden hacer no hay por qué preocuparse.

Me gustaría que no me importe. Me gustaría que las mujeres abandonemos nuestro afán de control. Me gustaría no intentar explicar cómo me siento si no aceptarlo y dejarlo pasar así no jode más. Trataré de poner en práctica esto. Ya les contaré cómo me va.

viernes, 12 de julio de 2013

El post debido

Nuestros padres, muchas veces por ignorancia, en lugar de darnos la confianza suficiente para enfrentarnos al mundo, minan la poca autoestima que podamos tener. Y nosotras, frágiles como el cristal, nos quebramos y sucumbimos ante la realidad de una sociedad dividida entre feos y lindos y gobernada por estos últimos.

En mi pre-adolescencia y adolescencia siempre pensé que era fea. Es más, hay días que aún lo creo (¡¡¡y tengo 38 años!!!). Esto puede haberse originado porque, digamos, no era la más linda del colegio ni del pueblo, pero un refrán dicho por mi madre fue la catapulta de ese pensamiento: "la suerte de la fea la bonita la desea". Llegada a la primera juventud, las circunstancias y mis propias ideas reafirmaron esa creencia y, no obstante el hecho de haberme casado con un hombre para mí hermoso y haber tenido un hijo precioso, no he podido quitarme esa sensación en un 100%. Ojo que ahora me miro con más cariño y descubro que tan fea no soy, que inclusive soy hasta linda, ¡mirá vos!

Para ponerlos en autos: me crié en un pueblo de no más de 20.000 habitantes y en el boliche bailable no me sacaban a bailar nunca, nunca. ¡¡¡¡Pero nunca eh!!!! Y no miento ni doy lástima. El único que me sacaba a bailar al finaaaaaaaaaaaaaaaaal de la noche era un chico feo (y sí, ¿qué esperaban?) para quien yo era la última opción. Y él lo era para mí. Y no sucedía todos los sábados. Más adelante nos mudamos a una ciudad más grande, de 80.000 habitantes (no sé por qué esta manía de poner la cantidad de gente, supongo que para que se den una idea de algo... En fin), y tuve un poco más de buena fortuna a nivel bailaril, aunque nunca lo que yo esperaba. Es que he concluido que creía mucho en las películas de Hollywood donde la chica siempre se quedaba con el chico (¿acaso no me daba cuenta que la chica era siempre linda, rubia y flaca? Ay). Lamentablemente para mí no había llegado aún la época en que las chicas bailaban solas y nunca la viví, ni cuando me mudé a Buenos Aires e iba a bailar: todavía había que esperar a que te saquen... Y ni siquiera en esta enoooooooorme ciudad, llenísima de gente de todos los colores, tuve el éxito que esperaba. ¡¡¡Pero qué consuelo el saber que las lindas envidiarían mi suerte!!!

Pasaron los años y no sé si las lindas envidian mi suerte pero sí sé que quizás muchas de estas desilusiones que he tenido en mi vida podrían haberse evitado si yo hubiera tenido un poco más de autoestima y no esa sensación de ser la fea todo el tiempo. Mis compañeras de colegio no me ayudaron a sentirme mejor y en mi casa tampoco recibí el alimento necesario para no sentirme un sapo. Adelgacé varios kilos, me arreglé la nariz que estaba un poco torcida y, sin embargo, nada de eso me hizo linda, seguí siendo "la amiga macanuda" de los chicos que hubiera querido que fueran mis novios.

Sin embargo hoy, después de todo esto (y de más cosas que no cuento porque si no se haría eterno este post), puedo decir que cuando me veo en el espejo no me siento fea. No seré preciosa pero fea no soy. Soy normal a nivel belleza pero tengo miles de virtudes que hacen que sea más linda de lo que parezco (y miles de defectos que me afean, ¡claro!) Y sé que cuando me pongo las pilas puedo llegar a estar híper bella. Obvio que aún trastabillo, ¡no soy tan segura como para mirar las revistas y no querer ser como las modelos! Pero si eso sucede trato, en lo posible, de perdonarme y no castigarme, y de inspirarme en miles de mujeres distintas a mí que, con su seguridad, son las más lindas del lugar (aunque pesen mil kilos y sean feas como la Bruja Cachavacha). Al final es sólo una cuestión de actitud, y es esa actitud, en mi caso, la más difícil de conseguir, identificar y alimentar.

Es todo un aprendizaje en esta vida, che.

Nota: Véase que repito un poco lo del otro post de "La suerte de la fea..." Se ve que ando en el tema jeje

jueves, 4 de julio de 2013

Los inalcanzables

Nosotras las chicas comunes y corrientes sabemos que hay chicos que son sólo para mirar. Son esos casi siempre altos y atractivos, a veces no tan bellos pero sí con ese “no sabemos qué” que hace que los miremos con ilusión y algo de admiración. Están por todas partes aunque en la calle es difícil que los podamos “pescar” ya que la mirada es fugaz y el análisis poco certero.

Esos chicos, mientras son observados sigilosamente por nosotras, siguen con su vida, obvio, ¡no se detiene el mundo! Y ahí es cuando aprovechamos a desgranar en mil detalles lo poco o mucho que podemos ver: el pelo, los ojos, la ropa, las manos. Y nos preguntamos: “¿Tendrá novia?” a lo que respondemos “Seguro que sí, la muy yegua debe ser alta, flaca y linda. No da para que tenga novia tetona, nooooooooo, porque las tetonas son ordinarias, seguro que es re-plancha en la parte de adelante, ¡como yo!” Si la supuesta novia tiene algo en común con nosotras hace que el muchacho sea mirado aún con más ternura y “bobaliconez”: ¡gusta de chicas como nosotras! Ahhhhhhhh, ¡es taaaaaaaaaan lindo! Pero si la supuesta novia, además de linda y flaca, fuera tetona, entonces inmediatamente el chico sería visto con desdén: la mayoría de esas chicas son como las de la tele, todas fáciles, que sólo usan su cuerpo para “enganchar” un buen partido, como éste que está sentado acá, en la sala de espera del hospital (o parado en la fila del banco o en la panadería o en el shopping).

Al final nunca sabemos qué clase de novia tiene el inalcanzable, ni siquiera podemos asegurar que está en pareja. Lo que sí podemos concluir que es este el tipo de hombres que nos gustaría tener a nuestro lado, que nos encantaría que nos note, que nos coquetee, que nos invite a salir, aunque después nos demos cuenta que es un tarado hueco que no tiene nada en el cerebro. Porque al fin y al cabo con las chicas siempre decimos que los lindos a veces dejan de serlo cuando abren la boca y dicen todas esas gansadas, o hablan como con una papa en la boca, o no saben combinar las medias con los zapatos.

No obstante, mientras está ahí calladito (o al menos mientras no podemos escucharlo) y mientras lo miramos y fantaseamos con ser la novia del lindo para echarle en cara a la rubia ésa compañera nuestra del secundario que siempre se creyó mejor que nosotras, mientras pasan los minutos, el inalcanzable es perfecto, es lo que han retratado miles de actores de Hollywood en la pantalla, es lo que siempre quisimos que sea y mucho más. Y aunque nos dan ganas de protestar por tantas injusticias en la vida, entre ellas no tener ni la cara ni el cuerpo de Marcela Klosterbooer, nutrimos nuestra ilusión con un sueño porque, convengamos, ése que está ahí nunca se va a fijar en nosotras (no es verdad eso de que lo vamos a enamorar con nuestra inteligencia, eh, no lo creamos más ni alimentemos esa mentira tratando de convencernos a nosotras mismas con esa falacia).

He dicho.